En ese pedazo de Chile lejano, a ocho horas en avión, viven seres alegres, vive la sangre de mi tierra, la sangre de mi familia errante, la sangre de mis origines y mis finales, vive un pedazo de mi vida, un pedazo de mis sueños y un trozo gigante de mi corazón.
Partí con mi pajarito a pasar unos días con ellos, partimos alegres y esperanzadas, conocimos una tierra maravillosa en ese México de sangre derramada, de lucha constante, de gente amable.
Pero los días pasaron tan rápido, y cada día menos marcaba en el calendario la cercanía de una despedida dolorosa.
Y los deje allí, con un pedazo de mi vida entre sus manos, con un pedazo de mi corazón entre sus risas. Los amo familia, amo esa tierra que guardaron para que dentro de su casa nos sintiéramos en la nuestra, para que siempre encontremos una mano amiga aunque nos separen los kilómetros y aunque el tiempo se vuelva eterno hasta que nos volvamos a ver.
Para reír hasta las lagrimas, para abrazarnos con dulzura y para saber hasta el fin de los días que existimos en el mismo universo de alegría, no hacen falta viajes, ni hacen falta aviones, porque "llevan mi corazón, lo llevan en su corazón"
Gracias por un viaje maravilloso.