Siempre que leo, soy otra persona, soy el espejo en el cual se refleja mi imaginación, cada palabra, cada frase, cada aroma descrito, cada sensación, un miedo, un susurro en la oscuridad, una luz de otro planeta, soy otra, no soy yo, no soy nada ni nadie, soy sólo el LCD de las palabras escritas en un papel.
Y yo contemplo absorta como me teletransporta el lenguaje, como dejo de existir, como desaparecen mis pesares y mis recuerdos para sólo formar parte esencial de un libro, para únicamente existir por ese minuto, por ese segundo hermoso en el cual encuentro un página desgarradora, llena de fantasía, llena de nostalgia, y mi imaginación activa sueña y vuela, y creo que gracias a mi afán casi demencial por leer es que a veces vivo más en mi mente volátil que en mi cuerpo terrenal.
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