He tratado de analizar que tiene mi cumpleaños que me pone tan triste, ¿qué hace que cada año en esta fecha derramen lagrimas mis ojos? ¿qué juego de malabares hace que mis pensamientos cuestionen aun más lo que soy? ¿por qué quiero siempre apartarme del mundo en esta fecha fatal?
Quizás este año duele un poco más, porque llegué a mi edad adulta, terminó un ciclo importantisimo y las preocupaciones cotidianas de estudiar ya no estarán más en mi vida, no me desviviré por el examen que debo dar, ni los trabajos atrasados, ni me quedaré dormida para clases, ni viajaré horas en micro para escuchar las palabras de un profesor, ni te veré a ti sentado en la sala, distante de mi, riendo con otras risas, regalando palabras que ya no son ni serán nunca más para mi.
O quizás me duele todos los que no estarán en esta fecha, los que viven lejos (como tu mi Anto, mi Luis, mi Yasna, mi Alonso, mi Vale), o los que de aquí a un año ya no estarán en mis días cotidianos (como mi Debie) o los que se fueron para siempre, porque no eran permanentes, eran sólo pasajeros de un momento de mi vida, se subieron en una estación, se bajaron en otra, eso no quiere decir que no me duela el hecho de que sus abrazos no me confortarán.
O me duele mis segundas vacaciones sin mi familia, casi como una declaración de independencia indeseada, me duelen los días que no viviremos juntos, los momentos que no almacenaré en la memoria.
O quizás después de tanto análisis, sólo debo entender que siempre será así, mis cumpleaños siempre me traen melancolía, siempre trajeron lagrimas y probablemente debo sólo aceptarlos, debo abrazar la tristeza crónica que cargan y valorarlos por ello mismo, porque a pesar de que este día es más de otros que mío, es sólo a mi a la que le provoca todas estas emociones y por eso mismo, con la tristeza de un año más de existencia, debo abrazar la alegría de saber que a mí me pertenece como una joya invaluable, sobre todo por la gama de emociones que trae cargado en su saco de sorpresas.