Hay una mujer eterna en mi vida, una mágica niña mujer que jamás perdió su encanto, que jamás ha cambiado la risa por las lagrimas, aunque la vida la ha golpeado bastante, esta ninfa del bosque tiene brillo en los ojos, tiene brillo en los blancos cabellos, en las manos creadoras...
Mi abuelita, aunque jamás la he llamado así (para mi siempre fue mi Margarita, y con los años se transformó en la Mamargarita) ella es el ejemplo de la eterna juventud en mi vida, y aunque el cuerpo se ha transformado con los años, le queda adentro intacta la esencia pura de su alma resplandeciente de amor.
¿Cómo empezar a describirte? Eres la eterna cocinera de las comidas deliciosas, la amiga desinteresada de muchos, de quien herede las lagrimas de mis ojos, y siempre te observo embobada crear con tus manos trabajadoras, te he visto llorar tanto desde que el compañero que elegiste para la vida partió antes que tú, te he visto desplomarte y no querer pelear más, he querido siempre demostrarte que yo quiero presentarte mis logros, quiero seguir riéndome contigo hasta que la muerte decida llevarte como una amiga de las tantas que pueblan tus días.
Creaste seres especiales en esa tu casa y todos nos transformamos un poco gracias a tus luces, nos tocaste la vida como un ser celestial y hoy te regalo estas palabras como muestra del amor inmaculado que siento por ti mi Mamargarita.
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