miércoles, 21 de marzo de 2018

Concentración

Me cuesta concentrarme, me cuesta tanto que a veces hasta logro concentrarme en lo mucho y muy difícil que se me hace concentrarme.
Cuando estoy sentada frente a mis compañeros de trabajo y tengo que fingir que estoy concentrada, escucho música, pero empiezo a cantar, me cuesta concentrarme.
La concentración es un super poder con el que no nací, no me picó esa araña, no me expuse a esos rayos radioactivos que me harían un super alumno, un super empleado...
Siempre me costó, toda mi vida universitaria fui la polola de uno de los mejores alumnos de esa generación. Yo admiraba su capacidad de concentración, entre otras cosas obvio, admiraba que pudiera estar ahí sentado, arrugando la nariz y entendiéndolo todo. A mi siempre me fue bien en la universidad, entendiéndose esto como que yo pasaba los ramos a la primera (casi todos, excepto por un semestre terrible en que ese mismo pololo me pateó y murió mi abuelo, todo muy seguido) pero los ramos yo los pasaba con horas de paciencia de mis compañeros y U y de ese pololo que aunque me rompió el corazón, me ayudó mucho, en la universidad y en la vida.
Después comenzó el trabajo, comenzó la gente experta y concentrada, seria, inmaculada...y yo, tan chascona, tan desordenada y tan tan desconcentrada.

Igual cuando quiero darme ánimo pienso que en realidad quizás es porque no me concentro en nada técnico, pero si en la vida, la vida al final igual me ha salido relativamente bien, he logrado concentrarme en la gente que quiero, al final la concentración es esquiva con las cosas que no queremos.

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