jueves, 19 de abril de 2018

Hasta que se diga lo contrario

A veces, PUM! me pongo triste, se que es porque las hormonas me revolucionan los pensamientos pero eso no le quita validez a mi tristeza, quizás hasta lo contrario, la realza, la embellece, le devuelve su condición de gloriosa creadora.
Triste por mi egoísmo, porque mi tristeza es solo mía y no se la atribuyo a nadie. Pero quizás si un poco al mundo, a ese hombre sin cara que ahora mismo, sin una justificación adecuada anda matando niños con armas compradas por su gobierno. A ese funcionario público que se demora y se enaltece en su posición de privilegiado frente a un haitiano pobre, que le dificulta un trámite porque ser pobre con poder es mejor que ser pobre y haitiano.
Triste por esa niña que fue violada, porque es pobre, porque a nadie le importa que sea niña, tan niña que hasta no entendió lo que significaba ser mamá hasta que la obligaron a criar y ni aún así, porque jugar a las muñecas no es lo mismo que dejar de vivir por una guagua que no querías, que no deseaste y que te obligaron a parir.
Triste porque, ¿quién le dio el derecho y la facultad de un médico para ser mas importante que una mujer que no quiere ser madre? 
Triste porque hoy escuché una canción que me puso triste.
Triste porque no quiero hablar, ni comer, ni reírme.
Triste hasta que se diga lo contrario.

martes, 10 de abril de 2018

Amigos nuevos

Mi mamá siempre me dijo que los amigos que hiciste en la universidad son los amigos que importan y que te van a durar la vida entera, porque es mi mamá y probablemente la mujer más inteligente que yo conozco, le creí. 
Si yo hubiera seguido esa premisa, hoy no tendría amigos, los amigos de la universidad fueron importantes y los guardo siempre como recuerdos transcendentales, pero no me queda ninguno. Entiéndase eso que si los veo siento un cariño tibio en mi corazón, pero no les cuento mis secretos, ni mis rabias, ni mis penas.
Entonces si lo miro así, ¿que me quedaba? tengo unas amigas del colegio que quiero mucho, una es mamá y bueno...la vida y la otra vive lejos, tan lejos que para poder verla tendría que tomar un avión por 9 horas.
Crecí asustada porque no tenía los amigos necesarios que me iban a marcar en la universidad, creí que había un tiempo precioso que perdí y que nunca podría recuperar, y creí que soy una persona de la que la gente no tiene interés en ser amiga, que yo no tengo interés en tener amigos... pero espera, si lo tengo!
Luego vino el cambio de ciudad, y con el cambio de ciudad, vinieron amigos. Porque soy esencialmente una persona sociable y porque estoy siempre dispuesta a querer a la gente, y mucho. Y si tengo amigos nuevos, y si me marcaron y si los veo y si me quieren ver.

Entre esos amigos nuevos están la Paz y el Pablo, la Paz es una mezcla de seriedad, inteligencia, belleza y valentía y el Pablo es un gigante (a mis ojos de persona pequeña), de risa profunda, de inteligencia y humildad. 
Hace una semana nos anunciaron que se van. Ahora entiendo cuando mi mamá me dijo que los amigos de la universidad te marcan y se quedan contigo, a la Paz y al Pablo no los conocí en la universidad pero de todas maneras los conocí, los conozco y siento una pena aguda y egoísta por su partida. Porque me van a dejar y me siento abandonada al desamor, de una manera terriblemente egocéntrica, cuando lean esto, si es que lo leen, espero sigan queriéndome a pesar de mi confesión poco altruista.

Los quiero, me marcaron, espero haberlos marcado, se que aunque se vayan seguirán siendo mis amigos, pero seamos honestos, las despedidas siempre duelen e inevitablemente se queda el agujerito de los fines de semana con panoramas compartidos.