jueves, 19 de abril de 2018

Hasta que se diga lo contrario

A veces, PUM! me pongo triste, se que es porque las hormonas me revolucionan los pensamientos pero eso no le quita validez a mi tristeza, quizás hasta lo contrario, la realza, la embellece, le devuelve su condición de gloriosa creadora.
Triste por mi egoísmo, porque mi tristeza es solo mía y no se la atribuyo a nadie. Pero quizás si un poco al mundo, a ese hombre sin cara que ahora mismo, sin una justificación adecuada anda matando niños con armas compradas por su gobierno. A ese funcionario público que se demora y se enaltece en su posición de privilegiado frente a un haitiano pobre, que le dificulta un trámite porque ser pobre con poder es mejor que ser pobre y haitiano.
Triste por esa niña que fue violada, porque es pobre, porque a nadie le importa que sea niña, tan niña que hasta no entendió lo que significaba ser mamá hasta que la obligaron a criar y ni aún así, porque jugar a las muñecas no es lo mismo que dejar de vivir por una guagua que no querías, que no deseaste y que te obligaron a parir.
Triste porque, ¿quién le dio el derecho y la facultad de un médico para ser mas importante que una mujer que no quiere ser madre? 
Triste porque hoy escuché una canción que me puso triste.
Triste porque no quiero hablar, ni comer, ni reírme.
Triste hasta que se diga lo contrario.

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