miércoles, 19 de mayo de 2010

Síndrome del nido vacío

Hoy hablamos de esto tu y yo y el grupo que te escuchaba, hablaste con la cordura y la inteligencia de tu alma sensible pero firme, hablaste sin las lagrimas que habría derramado yo hablando de aquel pajarito que se fue lejos, hablaste de como has tenido que reconstruirte tu y aquel que ha sujetado tu mano durante tanto tiempo, hablaste de reencontrarte, de reencontrar lo que perdiste, de tu autodescubrimiento y del dolor de saber que nos iremos, del dolor palpable de habernos creado tal cual somos, de habernos hecho valientes pero sensibles a las cosas importantes y de la sensación tan profunda de saber que una vez creada la obra nos dejarías partir, dejarnos caer, tropezarnos, equivocarnos, de tener a flor de piel la firmeza de tu alma cuando nos dijiste que nos creaste para volar!

Y yo te contemplaba absorta, siempre me asombra la calidez de tus palabras, la inteligencia inmensa que albergan y te mire de nuevo, no como a la fortaleza que siempre has sido en mi vida, te mire como a la mujer detrás de todo, a la mujer que llora en silencio, a la que le gusta vivir, a la que se emociona secretamente con una canción y después confiesa que ha llorado sola escuchándola, a la mujer que no quiere que esa habitación de la casa se quede sin arreglar, porque quiere que su pajarito no se sienta en una prisión cuando vuelva, a la que quiere ver regresar a ese pajarito que voló feliz, a la que es critica y analítica, a la mujer que adora su casa, a la que ama a su familia, a la que no quiere olvidarse que no por amarnos no se ama ella misma, a la que tiene un hombre enamorado desde hace 25 años, yo te contemple y estuve tan orgullosa, y me sentí tan afortunada de que fueras tu, de entre todas las miles, que tu fueras la mía!

Y el nido que crees se quedará vacío jamás lo estará, porque tu tienes la mitad y un poco más de mi alma mi guerrera incansable, mi revolucionaria insatisfecha, mi amada madre!

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