Como todos los días abordó la micro con la mirada ausente, otro día como el de ayer se venía encima, otro día que justificar cuando al fin tuviera que hacer el resumen de su existencia, recordó que una vez intentó sobresalir pero siempre había sido el niño del montón, ni el más débil al que sus compañeros pasaban a llevar, ni el más fuerte que golpeaba a sus frágiles compañeros de curso, tampoco aquél idealista que los defendía, él era y siempre había sido la persona promedio.
Volteó la vista cuando un haz de colores se apareció por el rabillo de su ojo izquierdo y descubrió que el único asiento vacío de la micro tenía como acompañante a una mujer, si es que se le podía llamar mujer a aquella criatura que no era hermosa ni fea, pero que tenía en los ojos la sinceridad de los niños y en la boca el descaro de algunos adultos y vestía de alguna manera que por no querer ofenderla el pensó "extravagante" ;él, como persona promedio que, era siempre vestía igual, jeans que al empezar a envejecer su madre arrojaba a la basura y poleras de algodón, ella en cambió era una tormenta tornasol, traía al parecer una especie de vestido de colores alegres como la primavera, y un pañuelo que nada tenía que ver con lo demás atado al cuello y lo más impresionante de todo, unos guantes de un color amarillo increíblemente chillón, sin embargo el pensó, el resultado de tanta conjunción de tonos era bonito y daba a aquella niña/mujer un atractivo que tenía más que ver con su descarada apariencia que con su físico.
Así la contempló absorto durante al menos un minuto antes de decidirse a sentarse a su lado, cuando al fin lo hizo y se preparaba para apoyar la cabeza en el asiento y deleitarse con la música de su reproductor, lo más increíble sucedió, aquella ninfa de mirada infantil lo miró sin reparos y haciendo amago de una amplia sonrisa le dijo "hola" a lo que el respondió con un movimiento de su mano y una mueca que podría decirse que fue un intento de sonrisa, y entonces ese ser increíble comenzó, sin que él le preguntase nada al respecto, a contarle sobre el día anterior a este, en cuál tras saludar a Don Mario (que había tenido el agrado de sentarse a su lado) y después de que este le contara parte de su tristeza, ella había ayudado a encontrar a su perro perdido, esa dijo, había sido la mejor obra que había hecho este mes. A lo que él tuvo la curiosidad suficiente para vencer su verguenza y preguntarle si ella acostumbraba a ayudar a la gente que se sentaba a su lado y ella dijo descaradamente que sí, que ella los escogía porque sentía el sabor de sus penas en el aire, de esta manera le dijo poniendo su mano sobre la de él ¿qué puedo hacer por ti hoy?
Por increíble que parezca y por muy extraño que suene ese gesto pequeño fue como un golpe eléctrico y él, el niño reservado de siempre no pudo contener las palabras en su alma y estas brotaron una tras otra, atropellándose, cayendo en una cascada que una vez abierta fue imposible cerrar, le contó todo, sobre la decepción en los ojos de su padre, sobre la falta de interés de su madre, sobre las mujeres que jamás lo quisieron, sobre la pequeña tortuga que perdió siendo niño, sobre los juguetes con lo que soñó, sobre su vida desprovista de luchas y de ideales y cuando hubo terminado, se percató de que la micro hace tiempo ya había cesado su recorrido y se hallaban estacionados en algún de la cuidad.
Bien le dijo ella, gracias por tu confianza, ahora deberás entregarme tu billetera, tu celular y tus zapatillas.
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