Barrió su metro cuadrado e intentó con saliva borrar los residuos olvidados de su nostalgia a la limpieza, se vio reflejada en el agua estancada que quedó de la lluvia de ayer y con un ademán arreglo sus canosos cabellos, acomodándolos detrás de su oreja derecha, mientras peinaba con su otra mano el resto de su pelo, sonrió mostrando aquellas encías donde tiempo atrás hubieron dientes blancos y brillantes y se repitió el estribillo cotidiano "hoy hará menos frío que ayer, me lo dice el viento".
Y partió con el carro de supermercado a recolectar los trozos de cartón que la gente amablemente le guardaba, no hacia falta cerrar con llave aquella pocilga, las personas nunca entraban allí y en el caso de que alguien hiciera ingreso, ella no veía porque querría robar el trozo de espuma que era su cama y uno que otro retazo de tela que ella utilizaba como vestimenta. Si este día consigo cuarenta cajas pensó, me podré comer un completo, hace días tenía antojos de comerse uno pero no le había ido muy bien en cuanto a las ventas de cartón se refiere.
Se dirigió primeramente donde la dueña del negocio de la esquina, ella siempre le guardaba con esmero todas las cajas que llegaban a sus manos, luego pensó asomaré mi nariz por el mercado probablemente allí alguien pensó en ella, llevaba tantos años en el mismo oficio, que era conocida en su barrio, aún cuando jamás dirigió la palabra a nadie, ni siquiera un intercambio de saludos cordiales, ella llevaba veinte años sin hablar con persona alguna, los veinte años que transcurrieron desde que aquel suceso que quería olvidar había cambiado su vida para siempre, trasnformandola de la dulce dueña de casa que una vez fue, a la muda recolectora de cartón que era en la actualidad.
Siempre intentaba evitar llevar sus pensamientos hacia ese rumbo, pero era imposible, todos los días de aquellos veinte años, todos y cada uno de ellos, se había detenido a pensar en la catástrofe que lo transformó todo... pensó en su niño pequeño vestido con los pantalones nuevos de colegio, en la sonrisa que mostraba por ser el primer día de clases, pensó en su marido y en la adoración con la que la besó aquel último día que los vio a ambos con vida, y pensó en sus cuerpos después del accidente, en el rostro transformado de su pequeño, como había cambiado la belleza natural de sus rasgos por una masa sin forma, en sus manitos ensangrentadas y en su marido maltrecho... si aquel camión no hubiera tomado la dirección incorrecta ese día, si ellos no se hubieran retrasado, si ella hubiera tardado menos en prepararles el desayuno...
Dobló en la esquina y se encaminó hacia el mercado, ojalá hoy le alcanzara para un completo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario