Te sentaste ahí, tan cerca que si hubiera hecho un gesto demasiado enérgico podría haberte tocado, te sentaste cerca en cuerpo, pero tan lejos el alma.
Me di vuelta a mirarte, te miré fijamente para regalarte una pequeña sonrisa, quedaron tantas para ti... quedó tanto adentro mío que era sólo tuyo, y ahí estabas.. impasible como una estatua de otra era, eras de otro tiempo, de otras constelaciones que ya no veo, eras de las estrellas que me faltaron ayer cuando miraba el cielo.
Quise gritarte, quería agitarte y llorar las lagrimas que lloré cuando te fuiste y ni siquiera reparaste en mí, ¡mira en lo que nos transformamos!, tan rápido se desvanece todo... tan triste son los finales, tan imposibles de olvidar las canciones que transformaron mis días grises en días donde tu brillabas y yo brillaba contigo.
¿Cómo lo hiciste? o es que acaso nunca me tuviste tan presente, entonces, ¿no era mi cariño más puro y sincero que el tuyo?...
Te vas a desvanecer yo lo sé, y me quedará el recuerdo amargo de estos últimos encuentros y eso me dolerá más... es el pus de mi herida, la gangrena se comerá todo y tengo tanto miedo de que ni siquiera me quede en la memoria mi corazón cuando la herida no existía...
Me levantaste desde abajo para dejarme caer bien alto otra vez... tenía una herida, ahora tengo dos!